
Existen momentos imprescindibles.
En una mañana de sábado, transitar la casa, con remera pero sin calzoncillos, y comiendo una milanesa de pollo fría con la mano.
Esas ocasiones, en que la felicidad es una noción sutil y acogedora son extrañas al matrimonio.
A cambio, el matrimonio te ofrece desayunos con cara de orto y tostadas quemadas.
Va a ocurrir cuantas veces lo intentes, con quien sea que lo intentes.




