jueves, 30 de octubre de 2008

Razón Nº 3287 para no volver a casarme.


Existen momentos imprescindibles. 
En una mañana de sábado, transitar la casa, con remera pero sin calzoncillos, y comiendo una milanesa de pollo fría con la mano.  
Esas ocasiones, en que la felicidad es una noción sutil y acogedora son extrañas al matrimonio. 
A cambio, el matrimonio te ofrece desayunos con cara de orto y tostadas quemadas.
Va a ocurrir cuantas veces lo intentes, con quien sea que lo intentes.

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